En lo alto de las montañas del Atlas Medio de Marruecos, la confederación tribal Beni Ourain lleva generaciones anudando a mano alfombras gruesas de lana de oveja sin teñir para sobrevivir a los fríos inviernos de la montaña. Tejida por mujeres Amazigh en telares sencillos, cada pieza utiliza únicamente el vellón natural: lana de un blanco roto y cálido frente al pelo más oscuro, de tono marrón carbón, de la misma oveja, sin ningún tinte.
Sobre el pelo largo, profundo y despeinado se extiende una retícula austera de rombos y rombos alargados, trazada con líneas irregulares tejidas a mano en lugar de una geometría regida por la regla. Estas marcas abstractas funcionan como símbolos de protección, transmitidos por tradición oral. El resultado es un lenguaje textil construido enteramente desde la contención: dos tonos de lana sin teñir, una retícula y un amplio espacio abierto.