Los Bronces de Benín representan una de las tradiciones de fundición de metales más avanzadas técnicamente del África precolonial: miles de placas, cabezas retrato y objetos ceremoniales de latón y bronce producidos para el palacio del Oba en Benin City entre los siglos XIII y XIX. Su apogeo bajo Oba Esigie rivaliza en precisión y ambición narrativa con los bronces contemporáneos del Renacimiento italiano.
Este sistema canaliza la pátina envejecida del bronce fundido, el oro cálido del latón recién pulido y la gravedad documental de una presentación de catálogo de museo, y honra tanto el contexto cortesano original como el debate vigente sobre la restitución.