Construida hacia el 575 a. C. bajo Nabucodonosor II, la Puerta de Ishtar era un muro de ladrillo vidriado azul cobalto que imitaba el lapislázuli; sobre su intenso campo avanzaban procesiones de uros, dragones mushhushshu y leones, representados con esmalte dorado y marrón. Era la octava puerta de acceso a la Babilonia interior y el umbral de una vía procesional sagrada.
Este sistema lleva esa gravedad ceremonial a la pantalla: un fondo profundo de lapislázuli, acentos en relieve dorado y ocre, tipografía de exhibición en mayúsculas imperiales talladas y un ritmo procesional estricto. Todo es plano, unido y monumental: sin degradados ni dispersión, solo franjas ordenadas y bordes de rosetas.