Andor (2022) presenta al Galactic Empire no como cromo y amenaza, sino como hormigón vertido in situ: amplias formas grises y desaturadas bajo una luz institucional plana, opresivas precisamente porque no tienen nada de extraordinario. El diseñador de producción Luke Hull y el creador Tony Gilroy rechazaron tanto la paleta brillante de las precuelas como la estética de cómic en negro y gris de anteriores producciones de Star Wars, y asentaron al Empire en la materialidad burocrática de la arquitectura autoritaria del mundo real.
El resultado es un lenguaje de losas monolíticas, divisiones de retícula rígidas y líneas institucionales afiladas: un campo de hormigón gris medio interrumpido solo por acentos azul grisáceos fríos y sombras casi negras. Nada es decorativo; cada superficie parece vertida, portante y construida para sobrevivir a quienes están dentro.