Amores Perros (2000) lanzó el Nuevo Cine mexicano y la carrera de Alejandro González Iñárritu con metraje callejero de 35mm cargado de grano de la Ciudad de México, filmado por Rodrigo Prieto y llevado a través de un proceso de bleach bypass para negros aplastados y densidad de plata retenida.
Este sistema destila esa aspereza: un fondo oscuro y sucio de bleach bypass, ámbar y óxido desaturados extraídos de la luz de sodio callejera, la crudeza de un documental filmado a mano y una tipografía de créditos condensada, austera y sin adornos: nunca pulida, nunca limpia.