Entre 1498 y 1514, Albrecht Dürer llevó el grabado en madera más lejos que nadie: un rayado cruzado tan denso que se acercaba a la gama tonal del grabado en cobre. Tinta negro carbón sobre papel de trapo crema; letra gótica Schwabacher en la página de texto; objetos alegóricos ocupando cada rincón: compás, reloj de arena, poliedro y cráneo.
Este sistema lleva esa disciplina a la pantalla. Dos pigmentos —tinta y papel— realizan la mayor parte del trabajo, mientras el bermellón y el ocre dorado se reservan para enfatizar. Cada tono se construye con líneas paralelas, cada borde es un fino corte manual y cada encabezado usa Fraktur. La madera lo recuerda todo.