El universo de lunares de Yayoi Kusama transforma la repetición obsesiva en trascendencia. Desde 1948, sus acumulaciones alucinadas de puntos redondos —escarlata sobre blanco, negro sobre amarillo cromo— cubren calabazas, salas, cuerpos y espejos, disolviendo la frontera entre el yo y el infinito.
Este sistema canaliza esa energía saturada y sin vacío mediante puntos de borde duro a toda escala, campos de pigmento de máxima intensidad y el ritmo meditativo de la repetición manual que define una de las estéticas instalativas más fotografiadas del arte contemporáneo.