El arquitecto suizo Valerio Olgiati trata el hormigón como el único material que da unidad a un edificio. Fundidos in situ y pigmentados en toda la mezcla, sus monolitos —Plantahof Auditorium, Atelier Bardill, Villa Além— se leen como cuerpos únicos y continuos, del suelo al techo, sin ornamento y con vanos afilados.
Este sistema destila esa austeridad en una interfaz: un gris frío, uniforme y monolítico de hormigón como base, mate y ortogonal, interrumpido únicamente por el rojo óxido deliberado del cemento pigmentado que Olgiati utilizó para armonizar con la tierra oxidada.