12 Monkeys es el futuro de la peste de 1995 de Terry Gilliam: un subsuelo aplastado y negro, hecho de tuberías ensambladas de forma improvisada, esferas de interrogatorio de plexiglás y chatarra recuperada, todo iluminado por tubos fluorescentes de un verde enfermizo. La paleta es un futuro de acero cian desaturado y bilioso: verdes amarillentos apagados, verde azulado institucional, acero gris verdoso y oro de vapor de sodio acumulándose contra sombras profundas.
Este sistema lleva ese bricolaje retroindustrial a la interfaz: bases de hormigón con matiz verdoso, grafitis de máquina de escribir estampados con plantilla, bordes de panel remachados y una luz fluorescente verde y áspera que se degrada en mugre en cada margen. Nada está limpio; todo es recuperado, gastado e improvisado.