Los carteles de cabaré Belle Époque de Toulouse-Lautrec fundaron entre 1891 y 1900 el arte publicitario moderno. Las cromolitografías de Moulin Rouge, Divan Japonais y Folies-Bergère fusionaron composición ukiyo-e, zonas planas y siluetas gestuales: La Goulue patea sobre mostaza, el público es una masa negra y una cinta bermellón aporta el único calor.
El lenguaje es estricto: pocos colores, sin modelado, letras pintadas integradas en la imagen y recortes audaces que empujan figuras fuera del papel. Texto y silueta son inseparables; el cartel se lee como un gesto único. La noche es eléctrica y la danza lo es todo.