The Simpsons definió el lenguaje de la animación adulta: una paleta plana dominada por amarillo de piel, cielos azul cobalto y contornos negros gruesos y temblorosos que nunca terminan de enderezarse. Este sistema captura esa energía irreverente con colores saturados de emisión, formas redondas y rotundas, sombras de cómic y la sensación inequívoca de un dibujo hecho a mano con un pulso algo inestable.
Aplícalo cuando quieras calidez inmediata, humor y reconocimiento de cultura pop sin tomarte demasiado en serio.