El surrealismo es el arte de hacer real lo imposible: relojes derretidos sobre horizontes desérticos, bombines flotando al anochecer y escaleras imposibles pintadas con precisión clásica. Nacido del manifiesto de André Breton de 1924, sostuvo que lo imaginario tiende a volverse real.
Este sistema canaliza los cielos oníricos infinitos de Dalí y las yuxtaposiciones inquietantes de Magritte mediante azul crepuscular, arena desértica, ornamento de oro viejo y letras clásicas. La superficie siempre es pictórica, nunca digital; el tono es extraño, nunca alegre.