Los spomenici yugoslavos son monumentos abstractos de hormigón y acero encargados por la Yugoslavia socialista de Tito entre 1960 y 1990 para recordar la resistencia partisana y a las víctimas del fascismo. Arquitectos como Bogdanović, Džamonja y Bakić rechazaron la figura en favor de poliedros cristalinos, voladizos biomórficos y alas de hormigón elevadas.
Redescubiertos por el libro fotográfico de Jan Kempenaers de 2010, se volvieron iconos de la estética brutalista moderna. Este sistema canaliza su materia austera: árido gris, composición geométrica monumental y el peso del trauma posfascista convertido en forma pura.
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