Soylent Green (1973) es el molde mugriento del cine sobre el colapso ecológico: el cartel de una sola hoja de John Solie plasma, en verde tóxico, un mundo moribundo y recalentado bajo un cielo de aire contaminado, casi negro. La tipografía condensada para títulos distópicos, el grano de fotostato y la bruma de semitono sostienen el tono: lúgubre, ominoso, asfixiante.
Este sistema de diseño destila ese cartel en un lenguaje digital: un campo negro cubierto de esmog, verdes ecológicos enfermizos, titulares severos, condensados y de palo seco, y un tono de créditos de máquina de escribir, todo degradado por el grano de película y el esmog.