Ivan Bilibin dio a los cuentos de hadas rusos su imagen definitiva. Su línea de contorno firme, rellenada con témpera plana, procede directamente del grabado lubok y de la tradición de la cerámica lacada negra, dorada y roja de Khokhloma. El ave de fuego, el príncipe Iván y Baba Yaga resplandecen entre el carmesí, el ámbar y el oro brillante.
Sus páginas nunca son papel desnudo. Cada ilustración se sitúa dentro de elaborados marcos populares de madera tallada, sobre un fondo profundo de laca negra y verde, y queda enmarcada por ornamentos inspirados en el bordado campesino.