El *sous-verre* senegalés es la tradición de ilustración popular más generosa de África occidental: los pintores aplican esmalte opaco al reverso de una lámina de vidrio en orden inverso —primero las luces, después los tonos medios y al final los contornos negros—. De los talleres de Saint-Louis y Touba salieron miles de iconos domésticos de morabitos sufíes, paneles con versos coránicos y escenas de la vida cotidiana wolof.
La estética es a la vez sagrada y alegre. Pigmento plano y saturado —fucsia, azafrán, verde intenso, cobalto— reposa dentro de gruesas líneas de contorno negro azabache, como vidrieras sin plomo. Cada forma de color queda apenas separada de su contorno y deja un diminuto halo que delata el trabajo pintado a mano.