La sala limpia de una fábrica de semiconductores es un mundo despojado de polvo y calidez: los monos blancos, conocidos como trajes de conejito, brillan bajo la fría luz azul de los filtros de aire de alta eficiencia, recortados contra cuadrículas de paneles filtrantes luminosos. Todo está medido, modularizado y pulido como un espejo: un lugar diseñado al nanómetro.
Este sistema traslada ese entorno a la interfaz. Parte de una paleta fría de azul y blanco, nunca crema ni cálida, enmarcada por cuadrículas de paneles de filtración de aire, círculos de obleas y líneas técnicas rectangulares. La tipografía es ancha e industrial; las composiciones son retículas de ingeniería iluminadas desde atrás por azul de proceso.