Tres madrasas dan a una misma plaza en Samarcanda, y cada una se presenta con un pishtaq: un portal rectangular tan grande que oculta el edificio detrás de él. El muro no está pintado, está revestido: mosaico de azulejo vidriado kāshī incrustado en un fondo cobalto, sobre un cuerpo de ladrillo cocido color ocre.
La escritura es banna'i: cúfico cuadrado formado con el propio ladrillo, de modo que la tipografía es estructura y no decoración. Este sistema hereda esa disciplina: marcos rectangulares, un campo azul saturado, la turquesa como color de trabajo, y el oro aplicado fino, tal como se aplica el pan de oro real.