Trajes impecables bajo el sol ardiente, torres de equipos de sonido apiladas junto a vallas de zinc y etiquetas de siete pulgadas girando ritmos de ska en el baile del sábado: la cultura Rude Boy era la arrogancia cultivada por la juventud jamaicana tras la independencia. Este sistema de diseño captura aquella energía de Kingston mediante bloques amarillo Trojan y rosa intenso perforados sobre negro puro, gruesos titulares rotulados a mano y gráficos circulares de etiquetas que evocan los discos de Studio One y Treasure Isle.
La estética es deliberadamente tosca —puntos de semitono, moteado de tinta, sombras duras desplazadas— porque sus fuentes eran los letreros de equipos de sonido pintados a mano y los flyers de salón de baile impresos en riso, no el diseño de agencia. Cada superficie debe parecer pegada con engrudo a una pared de Trench Town a medianoche.