El lenguaje visual punk nació en el Londres de 1976 y 1977, forjado en fotocopiadoras con tijeras, pegamento y recortes robados. La reina Isabel profanada de Jamie Reid y sus letras de nota de rescate para Sex Pistols se volvieron imágenes definitorias: deliberadamente feas, combativas e imposibles de confundir con algo corporativo.
La estética es antidiseño manifiesto: cada letra de tamaño distinto, cada borde rasgado y cada superficie degradada por generaciones de fotocopia. Rosa intenso y amarillo ácido gritan desde papel blanco barato. Nada se alinea ni pule, y ese es exactamente el punto.