La carta portulana es el dibujo de trabajo de la era de la brújula: un mapa trazado a mano sobre una piel entera de oveja, cuya superficie se cubre de líneas de rumbo que parten de rosas de los vientos rojas, negras y verdes. Las costas se dibujaban próximas y festoneadas, los puertos perpendiculares a la orilla y las grandes ciudades como viñetas doradas.
Este sistema reconstruye esa mano de taller. La letra usa mayúsculas romanas y serifas de época; el color es la paleta heráldica catalana: vitela tostada oscurecida por el mar, rojo sangre para vientos de cuarto, marrón negro de tinta ferrogálica para la costa principal y pan de oro apagado para las rosas. La geometría irradia, no cuadricula.