El cristal trasero de una máquina de pinball de mediados de los setenta es una hoja de vidrio serigrafiada al revés con seis a doce capas de color e iluminada por bombillas en un salón oscuro. Artistas de Bally, Gottlieb y Williams como Dave Christensen llevaron la saturación al límite: naranjas ardientes y rojos intensos sobre gruesos contornos y fondo negro profundo.
La fantasía psicodélica y la ilustración pin-up abarrotan cada centímetro, enmarcadas por paneles de puntuación y ventanas numéricas de bonificación iluminadas desde dentro. Es un sistema sobre el resplandor: separaciones planas, tramas de semitono y una llamarada de luz cálida contra la oscuridad.