El cubismo rompió la tradición de punto de vista único que gobernaba la pintura occidental desde el Renacimiento. Entre 1907 y 1925, Picasso y Braque desmontaron objetos en planos facetados: retículas analíticas marrón gris que dieron paso a periódicos, papeles pintados y vetas de madera pegados en el período sintético.
Este sistema canaliza esa revolución: paletas de pigmentos tierra, bordes de papel cortado a mano, fragmentación poligonal prismática y registros tipográficos mezclados que evocan bodegones de mesa de café recompuestos desde varios ángulos a la vez.