El retablo ayacuchano es una caja-santuario portátil de madera de Ayacucho, Perú: sus dos puertas se abren para revelar mundos miniatura escalonados, construidos con una pasta de papa y yeso amasada a mano y pintados según un código cromático estricto: azul para el cielo, verde para los campos, rojo para la sangre y los rebaños, amarillo para la arena; todo se apiña bajo pan de oro y acentos rosados. Este sistema de diseño lleva esa densidad de caja de sombras a una superficie digital: una base verde azulado profundo cargada de paneles policromos saturados, tipografía de exhibición con serifas ornamentadas y niveles enmarcados que no dejan respirar al espacio vacío, evocando una artesanía devocional donde cada rincón se llena deliberadamente.