El qahveh-khaneh persa —la cafetería y casa de té de la era Qajar— era un teatro de épica pintada. Sus paredes acogían naqqashi-ye qahveh-khaneh: extensos lienzos narrativos de héroes del Shahnameh con armaduras de laca roja, pintados con una paleta exuberante y saturada sobre profundos fondos de ocre terroso.
Este sistema destila la sala de aquel narrador en una interfaz: fondos de laca color sangre de buey, ornamentación de pan de oro, azulejería turquesa, latón de samovar y auténtica escritura nastaliq. Cada superficie está colmada de figuras y arabescos: nunca minimalista, nunca deslavada.