La dilukai es una figura femenina guardiana, tallada y pintada, fijada en la cúspide del hastial de un bai palauano, la casa tradicional de reuniones de los jefes de Micronesia. Extendida simétricamente sobre una tabla de madera clara tallada, mira hacia fuera con las extremidades abiertas: una señal protectora del umbral representada con tres pigmentos terrosos sobrios —blanco de cal, negro de hollín y ocre rojo y amarillo— ligados con aceite de nuez de parinarium para lograr un acabado mate suave.
Este sistema de diseño destila esa tradición en un lenguaje digital: un fondo de madera tallada en marrón medio cálido que evoca la tabla envejecida del bai, una paleta fija de tres colores de ocre y hollín, y una simetría bilateral estricta en la que rellenos planos de pigmento, delineados en negro, se asientan sobre una veta de madera visible. El fondo nunca es crema ni blanco de papel; siempre es la propia madera oscura y erosionada.