Optima es la tipografía que demuestra que una sans serif puede portar dos mil años de memoria caligráfica. Hermann Zapf estudió inscripciones florentinas de piedra en Santa Croce y dibujó letras cuyos astiles se abren como mayúsculas romanas cinceladas: sin serifas, pero inequívocamente humanistas.
Este sistema canaliza la misma contención: papel crema cálido, acentos de bronce pulido y márgenes editoriales generosos que dejan respirar cada letra con dignidad monumental.