OCR-B es la tipografía monoespaciada que Adrian Frutiger dibujó en 1968 para ECMA y que el mundo ratificó en 1973: los dígitos bajo cada código de barras, las dos líneas al pie de un pasaporte, una forma concebida para escáneres ópticos y, aun así, legible a simple vista.
Este sistema interpreta esa herencia de visión artificial como una consola de escáner: caracteres de fósforo cian que brillan sobre un campo azul verdoso, profundo y oscuro. Todo tiene espaciado fijo, disposición tabular e iluminación desde dentro: un único tono luminoso sobre un fondo apagado, sin caer nunca en el desorden neón.