Minority Report (2002) le dio al cine su interfaz gestual definitoria: pantallas de vidrio transparente, del suelo al techo, que John Anderton dirige como una sinfonía, revisando imágenes de PreCrime con guantes blancos frente a un vacío negro absoluto.
El aspecto es de vidrio cian aguamarina luminoso y semitransparente que flota en la oscuridad: predictivo, holográfico y dirigido artísticamente bajo la exhaustiva «biblia de 2054» de Alex McDowell. Todo se lee en un frío cian sobre negro: texto fantasmagórico, tenues cuadrículas azules, fotogramas de revisión de vídeo, sin calidez.