El renacimiento del mezcal artesanal convirtió las etiquetas de las botellas oaxaqueñas en objetos narrativos: cada una es un documento de procedencia que cita maestro, pueblo, especie de agave y lote. El lenguaje visual se inspira en la impresión tipográfica sobre papel crema áspero, la terracota cocida, los verdes profundos de los campos de agave y la geometría zapoteca de grecas escalonadas, y produce una estética antigua y contemporánea a la vez.
Este sistema captura ese trayecto del palenque a la botella: terroso, tocado a mano y orgullosamente preciso respecto a su origen.