Los sellos cilíndricos sumerios son el dispositivo más antiguo de la historia para crear imágenes en relieve grabado en miniatura: pequeños cilindros de piedra tallada que se hacían rodar sobre arcilla húmeda para producir frisos continuos de reyes, deidades y bestias. Nacidos hacia 3500 a. C. en Uruk y refinados en talleres acadios, babilonios y asirios, cada sello actuaba como firma personal, amuleto y protección mágica.
La estética se limita a un monocromo estricto de tonos tierra: fondo arcilla tostada, sombra hundida marrón intenso y raros acentos de piedras preciosas de lapislázuli y cornalina. Las composiciones marchan horizontalmente como narraciones de tira infinita —parejas heráldicas simétricas, árboles de la vida y bandas de inscripciones cuneiformes— tratadas con la gravedad lapidaria de mayúsculas romanas talladas en piedra.