Fury Road es la película de acción con la gradación de color más agresiva jamás montada: cada fotograma diurno arde como azafrán fundido y cada sombra rezuma un verde azulado de petróleo. Este sistema construye una interfaz a partir de esa gradación: paneles de metal gris arenado, acentos cromados a pistola, tipografía de plantilla de barra antivuelco y botones de llamada a la acción que brillan como una llamarada del Doof Wagon.
Nada está limpio, nada es suave. El cromo parece blindaje de camión soldado, las tarjetas son placas remachadas y los divisores son barras de franjas de peligro. Todo se inclina en diagonal y está en plena persecución, cubierto de polvo y con mala intención. La estética dice una sola cosa: sé testigo de mí, cromo pintado, grasa de motor y una línea perfecta de fuego atravesando un cielo muerto.