Los herbarios de Europa occidental anteriores a 1900 mostraban plantas medicinales en grabados calcográficos coloreados a mano, acompañados de nombres binomiales en latín compuestos con una tipografía humanista con serifas. El fondo de lectura es un pergamino tostado y envejecido, oscurecido por el paso del tiempo y las motas de los pigmentos de cobre; nunca un crema luminoso.
Este sistema destila aquella tradición de botica: láminas dedicadas a un solo ejemplar, finos trazos grabados y punteados, follaje verde savia, frutos rojo rubia y veladuras de verdín sobre papel de fibra de trapo.