La estética petrolera del golfo Pérsico entre las décadas de 1950 y 1990 plasmó toda una economía en acero y hollín: torres de perforación de color gris plomizo, oleoductos troncales de gran diámetro y el negro mate de los depósitos de crudo. En los campos petrolíferos de la era de Aramco predominan el acero galvanizado ennegrecido por el hollín y las estructuras de pórtico manchadas de petróleo: pesadas, técnicas y curtidas por la intemperie.
Este sistema reproduce la auténtica oscuridad gris plomiza del acero envejecido de las torres de perforación, no un gris pulcro de estudio. Las placas remachadas, las gruesas líneas horizontales, las etiquetas de plantilla y la señalética grotesca condensada transmiten la ingeniería de una industria construida para transportar crudo a través del desierto.