La grisalla es la disciplina pictórica de modelar un mundo entero en grises neutros y fríos —sin color, solo valor tonal— para que la pintura imite la piedra tallada. Jan van Eyck la convirtió en canon en las contraventanas exteriores del Ghent Altarpiece, donde los santos parecen esculpidos en piedra.
Este sistema de diseño destila esa tradición de relieve acromático: una base de gris piedra medio, una escala tonal completa que va de la sombra profunda al realce blanco y el característico tono medio frío del gris de Payne. El volumen nace del claroscuro, nunca del matiz.