Los carteles del cine soviético georgiano de la época de Abuladze e Ioseliani son objetos líricos y pictóricos: rojos cálidos de granza y ladrillo, con un ocre que resplandece sobre fondos oscuros de piedra del Cáucaso. Su rasgo distintivo es la rotulación Mkhedruli pintada a mano: títulos en escritura georgiana trazados letra a letra sobre un campo profundo de sombra tostada casi negra.
Este sistema de diseño lleva a la pantalla aquella tradición del cartel litografiado: un fondo genuinamente oscuro, rojos terrosos y ocres luminosos, tipografía de titulación en marfil pétreo y un grano pictórico. Es cálido, narrativo y artesanal: nunca frío, nunca de color crema.