En 1814, Joseph von Fraunhofer proyectó la luz solar a través de un prisma y descubrió que el arcoíris estaba atravesado por cientos de finas líneas negras. Catalogó más de 570 y asignó letras de la A a la K a las más intensas, sin saber que eran la huella química del Sol. Este sistema se viste con aquella placa: un degradado atenuado de banda espectral, líneas negras de absorción que se alzan sobre el color y rótulos con remates de estilo grabado, todo dispuesto sobre una placa de espectroscopia azul oscuro.