En la cosecha del algodón, la cápsula madura se abre en el campo y su cubierta leñosa, dividida en cuatro o cinco partes, se resquebraja para liberar la fibra propiamente dicha. Este sistema toma el fondo de impresión agrícola no blanco que documentan las fuentes —una cubierta oscura, seca y marrón— y hace que la borra esponjosa, de blanco roto, estalle contra ella como el único acento más luminoso.
Basado en xilografías de cosecha en el campo e ilustraciones de productos agrícolas de entre 1900 y 1950, mantiene en todo momento un registro mate e impreso. Los verdes apagados del cáliz y las brácteas acunan la fibra, un tostado cálido sostiene el tallo, y las serifas de época ordenan cada línea como si tú hubieras tomado cada línea de un antiguo boletín de extensión agrícola.