El Citroën DS, presentado en el Salón de París de 1955, fue el automóvil de producción más futurista de su época: la fluida «Déesse» gris aluminio de Flaminio Bertoni sobre la suspensión hidroneumática de Paul Magès. Roland Barthes escribió que parecía haber «caído del cielo».
Este sistema traduce el auto a un lenguaje de interfaz: largas líneas horizontales de lágrima, finas líneas de cromo, una paleta metálica fría y contenida y la calma de un perfil que se desliza. Nada es estridente; todo fluye.