En 1787, Ernst Chladni apoyó un arco en el borde de una placa metálica cubierta de arena y dejó que la física dibujara la imagen. La arena huyó de los vientres que vibraban y se asentó sobre las líneas nodales inmóviles, formando estrellas, rosetas y rejillas simétricas. Este sistema toma literalmente aquella imagen documentada: figuras de un blanco hueso cálido sobre una placa casi negra, austeras, centradas y medidas. Sin color ni ornamento, solo queda la fría geometría de las ondas estacionarias hecha visible.