La Brigada Ramona Parra transformó los muros de Santiago en un lenguaje visual disciplinado de resistencia: gruesos contornos negros, colores primarios planos y lemas de plantilla pintados en ciclos de tres noches durante el gobierno de Unidad Popular de Allende. Tras el golpe de 1973, que borró sus murales y dispersó a sus miembros, la estética BRP sobrevivió en la clandestinidad, resurgió a finales de los ochenta y volvió a estallar durante el estallido social de 2019, demostrando que sigue siendo una tradición viva, no nostalgia.