Los lienzos tardíos de Mont Sainte-Victoire de Paul Cézanne son el puente entre impresionismo y cubismo. Al pintar la misma cumbre caliza provenzal decenas de veces desde su estudio de Aix, descompuso el paisaje en facetas modulares de «pincelada constructiva»: ocre cálido, cielo de Prusia y verde pino alternados sobre el plano pictórico.
Picasso y Braque lo llamaron «el padre de todos nosotros». La estética insiste en que cada pincelada sea una pequeña tesela plana de color; la imagen completa se construye, no se describe, plano a plano. La profundidad nace de la modulación cálida y fría, nunca de la perspectiva lineal.
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