Byzantine Mosaic es fondo dorado y gravedad sagrada. Durante más de mil años, desde Hagia Sophia en Constantinopla hasta San Vitale en Rávena, los mosaicistas dispusieron teselas planas de oro como luz infinita de Dios y colocaron frente a ellas figuras frontales con vestiduras de tonos joya: azul lapislázuli, rojo sangre, morado imperial y verde esmeralda.
Este sistema trata el oro como la propia página: un fondo divino reluciente, no decoración. Figuras y paneles son simétricos, jerárquicos y enmarcados por arcos. Las letras son inscripciones romanas, talladas en vez de dibujadas. El efecto es sereno y sagrado, nunca casual: la interfaz como icono y quien la mira como peregrino.