El funk carioca estalló en las fiestas de baile de las favelas de Río de Janeiro —los bailes—, donde las mixtapes piratas y los flyers fotocopiados gritaban por llamar la atención en rosa neón ardiente y amarillo eléctrico sobre un fondo de noche de club negro absoluto. Su lenguaje visual es un maximalismo de impresión barata: fotografía con flash sobreexpuesto, logotipos en relieve cromado, destellos de lente y carteles abarrotados de fecha, cartel de artistas y ubicación.
Este sistema destila esa cultura impresa, ruidosa y nocturna, en un lenguaje de diseño: fondos casi negros, neón a toda potencia, tipografía cromada Y2K, y sombras paralelas duras que parecen fotocopiadas y gloriosamente baratas.