Berghain abrió en 2004 dentro de una central eléctrica fuera de servicio en el límite entre Friedrichshain y Kreuzberg, y su identidad visual se convirtió en la expresión definitiva del techno berlinés: interiores de negro absoluto, sin fotografías ni logotipos y tipografía sans serif condensada en volantes monocromos. El edificio es la marca; la puerta es la única señalización.
Este sistema codifica esa austeridad industrial en recursos digitales: fondo negro puro, superficies gris acero cepillado, titulares ultracondensados, esquinas rectas y líneas pesadas que evocan la señalización ferroviaria alemana. El color está casi ausente; cuando aparece, es verde ácido para estados o rojo de emergencia para advertencias.