El Palacio de los Janes de Shaki alberga unas cinco mil pequeñas piezas de vidrio de color, cada una encajada en una celosía de nogal oscuro ensamblada sin un solo clavo ni una gota de pegamento. A contraluz, frente a los oscuros salones interiores, las ventanas shebeke brillan como un caleidoscopio de cobalto profundo, turquesa, rubí, esmeralda y ocre.
Este sistema de diseño traduce ese mosaico a contraluz a un lenguaje de interfaz: un campo de vidrio azul cobalto profundo, turquesa como nota distintiva, paneles en tonos joya que parecen iluminados en lugar de pintados y finas barras de nogal que dividen cada celda de color.