En 1944, intelectuales de Buenos Aires lanzaron el número único de la revista Arturo y encendieron la primera abstracción geométrica pura de Sudamérica. La Asociación Arte Concreto-Invención rechazó por completo la representación: la pintura se convirtió en un objeto autónomo, el lienzo rectangular se recortó en polígonos irregulares —el marco recortado— y el color quedó limitado al negro, el blanco y los primarios saturados de Mondrian y Malevich.
El movimiento fusionó el rigor de De Stijl, la economía suprematista rusa y la racionalidad de la Bauhaus en un programa de invención claramente argentino. Tomás Maldonado llevaría después su lógica a la HfG de Ulm; Lidy Prati y Alfredo Hlito refinaron sus retículas modulares; Grupo Madí llevó más lejos el marco recortado. El resultado es una doctrina de planitud, color primario y geometría de bordes duros: el lienzo como objeto, nunca como ventana.