Un cuento impreso que cayó por una madriguera de conejo. Es el Wonderland de 1865 de John Tenniel reconstruido como interfaz: líneas de grabado en madera finísimas, sombras de tramado cruzado, capitulares ornamentales y heráldica de naipes que avanza sobre un sueño malva calcáreo.
La lógica del color se divide con claridad: escarlata heráldico plano y negro de pica para la corte de la Reina; una ensoñación empolvada de malva y rosa para el sueño mismo. Todo se lee primero como ilustración grabada y después como decoración. Aquí todo es bastante loco, pero está compuesto con una precisión impecable.