El Neo-Tokio de Akira es la imagen canónica del ciberpunk de anime: una metrópolis nocturna de un negro tinta aplastado, atravesada por letreros de neón y la estela carmesí de los faros de la moto de Kaneda surcando calles iluminadas en verde azulado. La película de 1988 de Katsuhiro Otomo empleó una paleta nocturna inusualmente rica —unos 327 colores, cerca de 50 inventados para la ocasión— para pintar rascacielos holográficos de un gris pizarra oscuro y contornos de sombreado cel de alto contraste.
Este sistema de diseño destila esa textura pintada a mano en un lenguaje digital: rojo ladrillo sobre negro aplastado, estelas de luz diagonales y cinéticas, paneles de letreros de neón resplandecientes, y una tipografía de exhibición condensada y contundente sobre una noche noir bien documentada.