Woodstock es el campo bermellón plano, la paloma blanca y regordeta, el mástil de la guitarra y las letras gruesas recortadas a mano que se leen desde un autobús VW en marcha. Es el cartel de 1969 de Arnold Skolnick convertido en un sistema completo: tinta serigrafiada, sin degradados, sin esquinas, un símbolo cálido flotando en un espacio abierto. Todo se redondea; todo respira; todo te dice que extiendas una manta, que medio millón de personas está bien.